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lunes, 27 de julio de 2015

Imagina

Que esté tranquilo sentado en el sofá de casa, pensando en sus cosas mientras ve una película que se sabe de memoria en silencio. Irme a la cocina, coger dos copas grandes, un poco de vodka, el zumo de fresa natural q sobró anoche, dos cucharitas de batir de las que compramos hace poco, servir dos margaritas y ponerlos en una bandeja, picar más fruta y decorar la bandeja con ella, coger en bote de nata y llevarlo todo a la mesa, que me vea llegar. Sentarme sobre él cuando se incorpore, abrazarle, coger un trozo de fresa y dárselo a comer acompañado de un beso pequeño. Mirarlo y que sonría. Coger una de las dos copas y dársela, coger yo la mía y brindar "por nosotros". Por él y por miles de momentos más a su lado, como ese o diferente, me da igual mientras esté ahí conmigo de alguna manera. Comer y beber como locos, como niños, y que esa sea la cena, sin nada que celebrar pero a la vez con todo. Acabar con el postre entre risas y besos, lleno de "te quiero" dichos con la mirada a cada poco y rozar los labios mientras hablamos, como si quisiéramos que nadie escuchase aun estando solos. Y esto así cada poco... ese sería mi paraíso. Te lo juro

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